lunes, 17 de julio de 2017

Albania: Literatura en el País de las Águilas

*Este artículo apareció en el sito achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/albania-literatura-pais-las-aguilas/


Esta semana he vivido muy cerca el efecto (para bien) de las redes sociales y del mundo globalizado de Internet. El detonante fue una entrevista que me hizo Maria Isabel Orgaz para leerenmadrid.com. En ella, se hablaba de mi tesis doctoral sobre el escritor albanés Ismaíl Kadaré. Gracias a esto, de manera sorprendente y con una rapidez fulgurante, me encontré, convenientemente traducido, como noticia de portadilla cultural en numerosos medio digitales de Albania y de Kósovo. Los misterios de Internet sólo son comparables a los enigmas que la literatura albanesa pueda encerrar para un lector medio en España. Pero escritores, además de Ismaíl Kadaré, hay muchos, y algunos están publicados en nuestro país.

En efecto, la literatura albanesa parece algo exótico y distante, una quimera, pero lo cierto es que el País de las Águilas alberga una enorme tradición literaria de grandes autores que, ni los 41 años de voraz dictadura estalinista, pudieron aniquilar. Y ya que me refiero al tirano, a Enver Hoxha, voy a recomendar una novela que acaba de aparecer en la editorial Siruela, por mano de un autor muy particular: Bashkim Shehu. Se trata del libro Angelus Novus.

Bashkim Shehu, efectivamente, es un autor peculiar. Y lo es por ser quién es. Es decir, el hijo de Mehmet Shehu, personaje que estaba destinado a suceder al mismísimo tirano Hoxha. Mehmet se caracterizó por imponer las políticas de Hoxha con mano de hierro, y como no, la represión, hasta colocarse como claro aspirante a tomar el relevo en el mando cuando el tirano faltara. Sin embargo, un turbio tejemaneje acabó con la vida de Mehmet en un asesinato político, y su caída en desgracia arrastró a toda su familia. Bashkim, el hijo, terminó refugiado en Barcelona, desde donde pudo dar rienda a su vocación como escritor. Sobre esta misteriosa caída en desgracia de El Sucesor, hay una excelente novela de Ismaíl Kadaré con ese mismo título, publicada en Alianza Editorial.

Pero volviendo a Bashkim Shehu y su obra: antes de este Angelus Novus que acaba de editar Siruela, ya tuvimos ocasión de leer otro de sus libros, Confesión frente a una tumba vacía: sueño autobiográfico (Península), un muy buen texto en donde Bashkim narraba las peripecias desagradables e infructuosas derivadas de su inmersión en el proceso para encontrar la tumba de su padre asesinado por Hoxha. Además, aún hay otro libro de Shehu traducido; se trata de la más que interesante novela El último viaje de Ago Ymeri, publicado hace años por la editorial Meteora y, hoy en día, prácticamente imposible de encontrar. Señores de Siruela, tomen nota para acometer una nueva edición de un texto que bebe de riquísimas fuentes oníricas, de las tradiciones y de las leyendas albanesas.

Y si se trata de recopilar esta prodigiosa sabiduría popular, se publicaron en español dos volúmenes imprescindibles: Cuentos populares albaneses (Miraguano), y El agradecimiento del muerto (Alberdania). En ambas recopilaciones figura como compilador Ramón Sánchez Lizarralde, toda una bendición para la popularización de las letras albanesas en España. Lizarralde fue el traductor de Ismaíl Kadaré al español, y un raro lujo para los lectores. Es una de las claves de la imponente presencia de Kadaré en nuestra lengua, que incluso cuenta en Alianza Editorial con una biblioteca personal que lleva su nombre. Mientras en otros países han volcado a Kadaré desde una traducción previa del inglés o del francés, es decir, en retraducciones, en España contamos con el lujo de Sánchez Lizarralde, que lo hacía directamente desde el albanés, la lengua de escritura original. El resultado: un Kadaré más completo y cercano a los lectores que en cualquier otra traducción. El fallecimiento de Lizarralde fue un duro varapalo pero, afortunadamente, María de Roces, su compañera sentimental y que trabajó mano a mano con él en muchas de las traducciones, ha tomado el relevo.

Quizás sea, actualmente, Fatos Kongoli el autor que más se aproxime a la monumentalidad de la obra de Kadaré, aunque todavía le resta un enorme camino por recorrer. De este magnífico escritor, con seis libros editados por Siruela, recomiendo La vida en una caja de cerillas, Una nulidad de hombre y Piel de perro. Son novelas determinantes para comprender la Albania moderna y cómo intenta sobrevivir y convivir con el peso que arrastra del terrible pasado.

Por supuesto, aún existen algunos libros más de literatura albanesa en español: El otoño de Xheladin Bey y otros relatos, de Mitrush Kuteli y publicado en Ediciones del oriente y el Mediterráneo, o la sorprendente El tiempo de las cabras (Libros del Asteroide), del diplomático macedonio —pero que escribía en albanés— Luan Starova. Muestra de la enorme riqueza lírica de la literatura albanesa es la magnífica cosecha poética de sus autores. Un pedacito de ella puede paladearse en La prueba de la tierra. Tres jóvenes poetas albaneses (editado por la Diputación Provincial de Málaga), que recoge muestras de la obra de Agron Trufa, Ervin Hativi y Gentian Çoçoli, y que se complementa con otro poemario también publicado por la Diputación de Málaga: la obra de Mimoza Ahmeti titulada Delirium.

No quiero terminar sin referirme a una escritora excelente, Ornela Vorpsi, con dos obras tan sorprendentes como duras: El país donde nadie muere, y Puro veneno, ambas editadas por Lumen. Si bien Ornela escribe en italiano, no he querido dejar de mencionarla, porque es una escritora albanesa que despliega toda una cosmogonía propia en sus obras, que bebe y comparte fuentes comunes con el resto de los autores albaneses.

Y no voy a dejar de lado a Kadaré en un artículo sobre literatura de Albania. Muchas son las obras que se podrían recomendar de este autor mayúsculo y memorable que debemos celebrar como un patrimonio cultural de todos los amantes de la literatura. El lector siempre encontrará belleza, o un motivo de estremecimiento o de entusiasmo, en sus libros. Ya sea en su primera novela, El General del Ejército muerto, o en El cerco, Abril Quebrado, El Palacio de los sueños, El Nicho de la vergüenza, Spiritus, El accidente o La cena equivocada… tan sólo un puñado de libros tomados de una obra de una riqueza y una variedad tan fascinante como aplastante.

Com no podía ser de otra forma, en una literatura tan deslumbrante, muchos son los autores que merecerían ser vertidos al castellano, muchos más de los que hasta ahora han sido publicados. En esa lista de espera para dar el salto a nuestras letras están, entre otros, Migjeni, poeta de principios del siglo XX, o el recientemente fallecido Dritëro Agolli, y Petro Marko, Esad Mekuli, Fatos Arapi, Xhevahir Spahiu, Rexhep Qosja o la propia mujer de Kadaré, Helena Kadaré, propietaria, también, de una interesante obra.


Todas estas ediciones en español a las que me he referido, de excelentes autores, cuando no excepcionales, nos acercan la riqueza de esta literatura y demuestran que las letras albanesas existen: y no solo eso, sino que vuelan muy alto porque, no en vano, se trata de la literatura del País de las Águilas.

domingo, 16 de julio de 2017

El Palacio de los Sueños (2)



*Esta reseña apareció originalmente en el sitio minuevaeadad.com:

https://www.minuevaedad.com/actualidad/2017/7/5/el-libro-del-mes-el-palacio-de-los-suenos/

Título: El Palacio de los sueños
Autor: Ismaíl Kadaré
Editorial: Cátedra
Número de páginas: 232
Año: 1981

¿Literatura albanesa? ¿Pero eso existe? Entendería que muchos se hicieran esta pregunta al leer la reseña de una novela de un autor albanés, del mejor autor albanés de la historia, y de uno de los novelistas fundamentales del siglo XX y parte del XXI; y además, candidato eterno al Nobel, premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2009 y ganador del prestigioso Man Booker Internacional. Estas credenciales son más que suficientes para responder a la pregunta: Sí, existe la literatura albanesa. Y El Palacio de los sueños, una de sus cumbres, es una de las novelas claves de finales del siglo XX.
Ismaíl Kadaré desarrolla su narrativa inmerso en el abismo del terror de un Estado totalitario y sanguinario: la Albania comunista de Enver Hoxha. Escribir, y tratar de ir en contra de los preceptos del realismo socialista, significaba jugarse la vida. El Palacio de los sueños es una de las apuestas más arriesgadas de Kadaré, que lo colocó al borde del desastre. La obra fue censurada durante siete años y Kadaré acabó seriamente amenazado por el Régimen. ¿Qué representaba esta novela para resultarles tan peligrosa a los dirigentes del Partido Comunista de Albania?
El Estado totalitario es un engranaje que tritura a los individuos, incluso controlando sus pensamientos: porque el Palacio se encarga de recolectar, estudiar, clasificar e interpretar, los sueños de todos los súbditos del Imperio. Necesita encontrar, entre ellos, los que denuncien futuras conspiraciones para que así puedan ser reprimidas antes de que ocurran; nada puede ser más arbitrario. Tal y como sucedía en el Régimen de Enver Hoxha, un sistema erigido a golpe de sospechas, consolidado con juicios sumarísimos y asesinatos. Esa es la denuncia que ejerce Kadaré en esta novela repleta de símbolos y situada en el Imperio Otomano durante sus tiempos de ocupación de Albania como escenario para, así, establecer una comparación, sin nombrarlo, con el Régimen albanés. Kadaré construye uno de los mayores alegatos contra el totalitarismo comunista, sin mencionar ni una vez al tirano, ni a Stalin, ni a la Unión Soviética, ni a nadie.
Esto es posible porque la novela de Kadaré alcanza mucho más allá, cargada con unos componentes kafkianos y oníricos demoledores. El texto entronca con el imaginario sobre el control de las masas desplegado por George Orwell en su obra 1984. El tema de las novelas de Kadaré siempre gira en torno a la alienación del individuo dentro de una sociedad, la mayoría de las veces zarandeado por reglas tan inhumanas como incomprensibles. En el seno de la distopía se inserta un funcionario, Mark-Alem, que hará carrera en el Palacio, recorriendo todos los estamentos y aprendiendo de las prácticas para descifrar los sueños indeseables. El sistema opera con una malignidad repulsiva y aterradora.

Por todo ello, El palacio de los sueños fue una novela muy peligrosa para su autor, un texto con el que los integrantes de la inteligencia política del Estado de Enver Hoxha se sintieron amenazados. Esta novela, que merece ser calificada como una obra maestra de Kadaré —y no es la única, afortunadamente—, es también la mejor forma de trabar conocimiento, gracias a un texto fascinante, absorbente e inquietante, con una de esas literaturas marginales que encierran obras y autores mayúsculos. Y, por supuesto, la manera en que, una vez descubierto por el lector, Kadaré lo acompañe ya para siempre, con la excelencia de su obra y el descomunal grito de su denuncia.

domingo, 12 de marzo de 2017

Cuestión de locura -volumen de novelas cortas- (ficha bibliográfica)


           Libro que recopila, bajo ese título, cuatro novelas cortas: Cuestión de locura, que da título al volumen y versa sobre las de las leyendas de la tierra, que reflejan ritos, mitos, supersticiones, dinastías y tradiciones del pueblo albanés, milenarias y arraigadas, al igual que La estirpe de los Hankoni, y otras dos sobre el tema del Estado –tiranía, totalitarismo y poder estatal–, que son El desprecio y Días de juerga.


-Ediciones en España:

1-Alianza Editorial. Madrid: 2008. 320 p. vol. Traducción del albanés de Ramón Sánchez Lizarralde. Colección Alianza Literaria, nº 216.

Cuestión de locura -novela corta-


 
Cuestión de locura es la nouvelle que da título al volumen publicado en España que aglutina otras tres obras: El desprecio, Días de juerga y La estirpe de los Hankoni. En ella, encontramos una narración biográfica en primera persona con una voz que es la continuación de esa voz infantil que hablaba en Crónica de la ciudad de piedra. La narración prosigue, por tanto, como una continuación de los acontecimientos que se habían interrumpido al final de la Crónica, con la llegada del comunismo a Albania y el término de la Segunda Guerra Mundial.

La voz infantil había dotado a la Crónica de un ambiente mágico, y revestido con un aura irreal e imposible muchos de los sucesos brutales y sangrientos, como única forma de poder ser relatados desde el punto de vista de un niño, algo que ahora, en Cuestión de locura, contribuye a que se genere un clima desquiciado e inestable en donde las cosas resultan todavía más descabelladas gracias al punto de vista desde donde están siendo contadas. Y en mitad de ese clima enloquecido se agranda el misterio principal que nunca llega a resolverse en la narración: el Partido Comunista. Tan misteriosos, místicos, extraños, absurdos, siniestros, resultan los comunistas para el niño-narrador como lo son, finalmente, para el lector, que no logra desentrañar el gran enigma que significan: “¿Qué clase de secreto era aquél? ¿No éramos todos comunistas?” (Kadaré, 2008: 27).

Por el camino, otras mistificaciones, más que misterios, relacionados con tíos y tías, con suicidas e inmorales, con el abuelo de niño y su muerte, más producto del aburrimiento pueblerino que de otra cosa, van quedando resueltos desde la perspectiva infantil. Lo que viene a agigantar, en toda su enormidad de mastodonte, el misterio del Partido Comunista:[1]

 

“ese nombre, es decir, el del Partido, estaba en efecto por todas partes, nadie podía presumir de haberlo visto realmente. Lo que ella había encontrado en el bolsillo de su hermano era precisamente un ‘‘carné del Partido’’ (…) que certificaba la pertenencia de mi tío el menor a él, es decir, al Partido Comunista” (27)

 

El aura de misterio que rodeaba al Partido era alimentada con su propia parafernalia. Así,

 

“la orden era terminante: nadie podía contemplar con sus ojos un ‘‘carné del Partido’’. El comunista al que le sucediera tal catástrofe ya no tenía nada que esperar de la vida” (28).

 

Y el misterio se incrementaba todavía más en cuestiones de camuflaje:

 

“Tú creías estar delante de una peluquería de señoras, y aquello era sin embargo una oficina del Partido. Y así sucesivamente, una tienda de quesos, la oficina de Correos, la mercería donde se compraban encajes para trajes de novia. Tras su exterior apacible, en lo más profundo, al otro lado de cualquier puerta secreta, podía estar celebrándose una reunión secreta de miembros del Partido, todos provistos de sus ‘‘cartillas’’, que se agitaban unos a otros delante de las narices: que si te la he visto, que si no te la he visto, que si te suicidas, que si no te suicidas… ” (30).

 

Además, esta visión del ámbito comunista la completa la delirante visión que de los diferentes líderes como Lenin, Stalin o el propio Hoxha, tiene el niño, ridiculizando su crueldad.[2] Una “mirada inocente” que hiela la sangre del lector, con unas cargas de ironía que solo son permisibles gracias a la voz que Kadaré ha elegido para interpretar la sangrienta parafernalia que se estaba llevando a cabo: “Percibí el viento del mal en cuanto penetré en el patio exterior” (2008: 11), anuncia el narrador en el inicio de la historia. Será el viento quién con su presencia traiga los malos presagios, que no serán otros que la llegada del comunismo a Albania.

El propio autor, en una entrevista sostenida con Julian Evans para The Guardian, unos meses antes, reconoce que:

 

“los niños no quieren leer sobre el trabajo duro, lo que quieren es jugar. Les gustan los horrores, les gustan los fantasmas y las brujas y los magos. Odiaba los libros soviéticos, repletos de sol, de trabajo en el campo, de gozosa primavera, de alegre verano lleno de esperanza. La primera vez que escuché las palabras ‘‘esperanza’’ y ‘‘trabajo duro’’ me hicieron bostezar” (Kadaré en Evans, 2005b).

 

La oposición entre un clima socialista de sol refulgente y un clima balcánico de granizo establece también una oposición entre el aburrimiento estatalizado y lo interesante o divertido que radica en la individualidad imaginativa de cada persona. El hombre nuevo del mundo del realismo socialista, siempre bajo el sol luminoso era, curiosamente, irreal: estaba sumido en un mundo comunista frío que congelaba la vida interior y cualquier capacidad de expresión fuera de los cauces controlados.

En la misma entrevista con Evans, Kadaré explica el magnetismo que ejerció el clima helado en su imaginación al encontrarlo, por accidente, en un libro que leía de pequeño. Se trataba de una historia acerca de la creación del Ejército yugoslavo, narrada por el propio Tito:

 

“Estaba leyendo este libro, un día completamente aburrido cuando me topé con la frase ‘‘en aquel terrible, gélido invierno de 1942’’. Me quedé asombrado. Aquí, en este libro completamente estúpido, había encontrado una frase viva. Sonaba como literatura. Esas palabras ‘‘invierno’’, ‘‘terrible’’, ‘‘gélido’’: después, siempre busqué otras palabras como aquellas”.

 

Es la misma historia que narra el niño protagonista de Cuestión de locura. Los libros de la biblioteca han experimentado un súbito cambio con la llegada del comunismo y los preceptos del realismo socialista. En las lecturas ya no aparece “ningún paraje desolado, envuelto en bruma” (2008: 32). Entonces, cae en manos del niño En el sexto aniversario del ejército yugoslavo, de “Josip Broz Tito”. A primera vista, el libro no parece apasionante, pero

 

“en el libro de Tito, cuando hacía ya tiempo que había perdido toda esperanza, me tropecé al final con la frase siguiente: ‘‘En el curso de aquel glacial y terrible invierno del año 1942…’’. Casi no daba crédito a mis propios ojos, lo mismo que un caminante al toparse con una criatura viviente en mitad del desierto. La releí diez veces seguidas y, cada una de ellas, no cesaba de sorprenderme que aquella frase no se hubiera desecado ya en contacto con la multitud de palabras estériles que la rodeaban.

Lo mismo me ocurrió con la palabra ‘‘terrorífico’’, (…) la única de interés del libro del padre Anton Harapi” (33).

 



Existía una literatura aburrida, anestesiada y muerta, la oficial, en la que el sol del personaje positivo relumbraba a golpe de consignas, y una literatura original, misteriosa y oscura, con nubarrones oscuros repletos de adjetivos, prestos a descargar sobre personajes helados, paramos desolados y ventosos en donde los hombres vivían la congelación del totalitarismo. Así parece en El ocaso de los dioses de la estepa cuando Kadaré toma su riesgo al establecer esta tensión entre frío y oposición al régimen. En la narración, el escritor protagonista arriba a la capital soviética bajo la cortina de lluvia y pronto la ciudad muestra su hostilidad: “oleadas de hielo se cernían sobre el Moscú invernal” (1991: 147), afirmando que “todo estaba ahora cubierto por la nieve y esta parecía reclamar olvido” (78).

Otra forma de denominar este realismo socialista, pero desde el punto de vista de un niño acostumbrado a la lectura de libros de aventura, es con la palabra “aburrimiento”. El aburrimiento ha llegado a los libros, “los invade” con la instauración de la censura y los preceptos comunistas, tal y como se relata en Cuestión de locura. El capítulo titulado “El aburrimiento se impone” (2008: 31), se refiere al despojo de los elementos divertidos o de aventura en los textos, en beneficio de la ‘doctrina socialista’.

Así, ya desde los títulos de los volúmenes, se ofrecía un panorama donde “se percibía el aburrimiento”, tal y como eran esos “Hombres buenos de la estepa”, “La gran esperanza”, o “Primavera”, este último, además, en dirección contraria a la literatura antisolar que desarrollará Kadaré como reacción a este tipo de preceptos luminosos de construcción del comunismo. Para completar el panorama devastador se había iniciado una colonización con autores soviéticos para luego producir epígonos albaneses. Estos libros eran

 

“por todas partes trabajo, sonrisas radiantes, gentes de corazón de oro que competían por ver quién era el primero en ofrecer a su camarada su pan o su vestido” (32).

 
             El país, desprovisto de lenguaje, se asemeja, también, a un páramo glacial. Por ello, no es de extrañar que en  Cuestión de locura, el capítulo número 6 se titule con un “Comienzo del invierno”, y en él se hace referencia, de una forma determinante, a las primeras lenguas que el comunismo prohibió enseñar en las escuelas: el latín y el francés, después el griego clásico. Antes, ya había sido erradicado el turco. Todos ellos son sustituidos por el ruso. Se iniciaba la glaciación lingüística de Albania (Kadaré, 2008: 55-60). Además, Kadaré remacha este inicio del invierno con un más que significativo “el Partido Comunista emergía por fin de entre la bruma” (62), y lo hacía de la mano del invierno y del frío, para ya no separarse de ellos en toda la literatura antisolar de su autor.




[1] Es necesario recordar aquí que el Partido Comunista en Albania se comportó de la misma forma que lo hizo en Yugoslavia tras la toma del poder, y se movió en la clandestinidad durante algunos años mientras en el gobierno daba la cara un partido denominado Frente Democrático. De ahí que el niño que nos narra esta Cuestión de locura se queda ciertamente sorprendido acerca de un asunto tan chocante: “El Partido, aunque estaba en el poder, era sin embargo clandestino” (2008: 27) Y una nota del traductor nos recuerda, oportunamente, que este hecho aquí traído por Kadaré, la clandestinidad del Partido Comunista durante los primeros años de control del Frente Democrático de Albania, es un suceso poco recordado en el país (27, n. 3). “Pues si era tan poderoso, ¿por qué se ocultaba?” (29).
[2] De Lenin dice que “un primo le había dicho (…) que ese tenía aspecto de bonachón, pero si se le metía entre ceje y ceja, te podía despachar en menos que canta un gallo. La decepción fue total. El tal Lenin no sólo no había matado a nadie (…) sino que incluso había sido incapaz de acertarle a un zorro que le salió al paso, tan buen corazón tenía que le temblaban las manos. Mequetrefe mayor era imposible encontrarlo” (2008: 32-33). De Stalin, “había escuchado (…) que a este Stalin sus enemigos le llamaban ‘‘el genio del mal’’, dicho de otro modo: un hombre terrible entre los terribles (…) No sólo no tenía nada de ‘‘genio del mal’’, sino que era el más chocho de todos. Saltaba a la vista que no tenía nada bajo control allí. Todos se la pegaban (…) mientras él, como buen pánfilo que era, se pasaba el día pensando en hacerse fotografías con los niños”. Y antes: “Por si no bastara con la insoportable mansedumbre que  rezumaban sus sienes canosas, incluso su bigote” (36). De Hoxha: “Según el primo de Ilir (…) en una sola noche se había quitado de en medio al enano negro Koçi Xoxe y a otro jerarca, uno de dos metros (…) Al menos se podía creer que había estrangulado efectivamente al enano. Aunque más tarde todo se fue al garete: sonrisas, saludos con la mano, bondad, flores, en una palabra todo almíbar, todo miel (37). Esta ironía, que teóricamente dulcifica la crueldad de los líderes, aumenta lo terrible de sus actos con el inocente punto de vista infantil.

domingo, 26 de febrero de 2017

Cuestión de locura -novela corta- (ficha bibliográfica)



-Título original: Çështje të marrëzisë.

-Primera edición en albanés: Tirana: 2005. Editorial Onufri, 112p.

      -Ediciones en España:

            *En el mismo volumen, titulado “Cuestión de locura”, se incluyen otras tres novelas cortas: Días de juerga, El desprecio y La estirpe de los Hankoni.

1-Alianza Editorial. Madrid: 2008. 320 p. vol. Cuestión de locura 9-103 pp. Traducción del albanés de Ramón Sánchez Lizarralde. Colección Alianza Literaria, nº 216.
 

La lectura de Hamlet -relato-

 

En La lectura de Hamlet, un relato de apenas diez páginas, el lector se reencuentra con una de las voces narrativas más amables y más celebradas que haya construido Kadaré: la del niño de Crónica de piedra, que también aparece contando la historia de Cuestión de locura. Por tercera vez, el autor resucita esta voz para establecer una peculiar lectura de la llegada del comunismo a Albania, una visión desde el punto de vista de un niño que comparte ciertas similitudes con el Kadaré de la infancia, en especial en su amor por los libros y en su devoción por Shakespeare, en concreto por Hamlet, una circunstancia que lo enlaza directamente con la voz de Crónica de piedra.

El texto refleja la lucha contra el mundo de las sombras y de los fantasmas, ese mundo oculto que todo niño teme, mezclado con el comunismo incipiente y atemorizador, y cómo podría conjurarse todo ello gracias al poder de la literatura. La literatura,  si se sabe convocar oportunamente, posee una gran carga irónica, algo que favorece una lectura afable y desprovista de los habituales códigos complejos del autor albanés.

 

Posee el relato un excipit que despierta la curiosidad en el estudioso kadariano. Si bien la narración se ubica, de forma temporal, durante la primavera en que Albania se convirtió en República comunista, no podemos encontrar ninguna referencia a un tiempo climatológico en el texto, salvo un detalle apuntado en las líneas finales, que mezclan el clima externo meteorológico, con cierto clima interno futuro que anuncia la congelación a la que el país se verá sometido.

Dicho excipit son dos líneas que aparecen como la rúbrica a un texto que, aún cargado de ironía, crítica y doble sentido, había resultado ciertamente amable al articularse en la voz narradora del niño/Kadaré protagonista de Crónica de piedra y de Cuestión de locura. Sin embargo, ahora, poco antes de que el muchacho se duerma arropado por el poder que les presupone a Shakespeare y a Hamlet a la hora de conjurar fantasmas y brujas, incluso demonios –tal vez unos fantasmas y brujas y demonios que no sean los de los cuentos infantiles, sino los del comunismo[1], y ante los que, evidentemente, el vate de Stratford no tendrá esos poderes que el niño le atribuye–, el texto deposita un poso de malestar en la lectura:


“Entre tanto, los cielo límpidos se desplegaban y sucedían renovados. Mi mente me iba acercando al Polo Norte cuando el sueño, el más dulce que había tenido jamás, me envolvió por completo” (2014b: 67).


En efecto, son esos cielos límpidos y renovados de la República comunista de Albania los que deberían tranquilizarnos..., pero la falsa estampa de placidez, junto al sueño del niño, dulce, ya alberga, en ese desplazamiento hacia el Polo Norte, la congelación atroz que todo el país estaba a punto de sufrir y, por ende, el muchacho y el propio Kadaré.




[1] Las brujas y los fantasmas de los cuentos infantiles aparecen en contraposición a las sombras que propagaba el comunismo: “En cuanto a las sombras, si bien la radio no cesaba de denigrarlas día y noche, llegando a  calificarlas de engendros del fascismo, de Norteamérica y de Israel, estas no daban señal alguna de retroceso (2014b: 59).


viernes, 17 de febrero de 2017

La lectura de Hamlet -relato- (ficha bibliográfica)


-Título original: Leximi i Hamletit

-Primera edición en albanés: Tirana: 2004. Editorial Onufri, tomo 9 de sus obras completas, serie Vepra 9, 480 pp. vol.

-Ediciones en España:

*En el mismo volumen, titulado La provocación y otros relatos, se incluyen otras diez novelas cortas.

1-Alianza Editorial. Madrid: 2014. 208 p. vol. La lectura de Hamlet 55-67 pp. Traducción del albanés de María Roces González. Colección Alianza Literaria, nº 459.



La cólera de Aquiles -texto de conferencia-


“La cólera de Aquiles” es el texto de una conferencia dictada por Kadaré en Barcelona en el año 2004 (véase la ficha bibliográfica en este mismo blog). En ella, el autor divaga sobre algunos temas que siempre han sido ejes centrales de su narrativa y de su construcción literaria: el poder manipulador del Estado, la mentira de la Historia, las tramas ocultas puestas en pie por las fuerzas represivas, lo que califica como “la Gran Estratagema”, además de reflexionar sobre el tesoro de la literatura oral y la manera en que las historias recitadas por aedos se han fijado como leyendas en el subconsciente colectivo.
Dentro de todos esos referentes, hay uno que obsesiona a Kadaré, y es la guerra de Troya, o todo lo relacionado con Troya, en concreto, la Iliada, porque de las 14.500 guerras libradas por la humanidad, ninguna “ha generado tanta literatura como ha producido una sola de ellas: la guerra de Troya” (2010: 9). Y su principal particularidad radica en “la conversión del relato de Troya del mundo de la literatura al mundo del testimonio (…) Dicha guerra se convirtió en alimento espiritual de toda la civilización griega (…) por la sola razón de que fue cantada homéricamente” (2010: 16). En esto se encuentra su fuerza, lo poderoso de su embrujo y su magnetismo, lo que fascina a Kadaré.
Pero además, esta historia “es la historia de un arrepentimiento, el más grande arrepentimiento que ha conocido hasta hoy nuestro planeta” (2010: 18), si contar con que se narra “el duelo más famoso de la literatura antigua, el que enfrenta a Aquiles y Héctor” (2010: 22). Por tanto, la historia lo reúne todo: venganza, arrepentimiento y, por encima de ello, la confrontación entre esos dos titanes… sin embargo, algo no le cuadra al albanés en todo esto. Las palabras del poema, “como en sueños se perseguían”, para referirse al fragor de la lucha entre ambos (2010: 22) sirven para que se dispare la alerta de Ismaíl Kadaré. Aquí hay algo más, algo oculto, algo hurtado. Esta frase le hace reflexionar… todo queda, de repente, en entredicho. ¿Y sí la batalla no existiera, si fuera todo una percepción onírica sin combatientes, sin las murallas, sin la ciudad?
La imaginación confabulatoria de Kadaré se dispara en la línea de sus mejores trabajos –Spiritus, La pirámide, El monstruo–, y se pregunta si no existirá un tercer libro, un libro extraviado que sirva de puente entre la Iliada y la Odisea y que explique los sueños, visiones y las vigilias, sucedidos entre ambos textos. 


Porque la naturaleza de Troya, del mito de Troya, como ejemplo y metáfora de la “Gran Estratagema” totalitaria, radica en la posibilidad de que nada de ello haya existido, que fuera una invención política para favorecer a las partes contendientes que ni siquiera se hubieran llegado a confrontar en batalla alguna. Así expresa esta idea Kadaré en su conferencia:

“Ninguna de las partes contendientes dio testimonio de la guerra de Troya. Representarse a Homero como un corresponsal de guerra es algo categóricamente rechazado por todos (…) Tal como se sospechaba, diversos ejércitos, tras no conseguir dar con el contrincante, regresaban y se inventaban una guerra no librada, y por supuesto, una victoria inexistente.
A la ausencia de testimonio está igualmente vinculada la sospecha, ya de sobra conocida, de que la guerra de Troya no se haya producido nunca (…) Si es que no quedó testimonio de la guerra de Troya, tal y como reclaman nuestros cánones, ¿qué fue entonces esa guerra? ¿Una confrontación invisible, secreta, de las que tienen lugar en la conciencia? Otra cosa, ¿quizás una reforma, una superación, una despedida de algo, enmascarada, revestida de la apariencia de la guerra? ¿Un invento, una falsa alarma? Finalmente, ¿un sueño, una pesadilla, una pesadumbre oculta de Grecia?” (2010: 14-15).




       Pero una vez descubierta la “Gran Estratagema”, no es necesario que la encontremos en enormes cuestiones de Estado que atañan guerras o complots, puede desarrollarse en algunos ámbitos más simples, como de una lectura atenta de las novelas de Ismaíl podemos aprender, donde un pastel baklava, o un mal de ojo, o tal vez el canto de los aedos, puede desencadenar la catástrofe de una nueva Troya.



La cólera de Aquiles -texto de conferencia- (ficha bibliográfica)


Conferencia pronunciada en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), el 16 de septiembre de 2004, en el marco de Kosmopolis, Fiesta Internacional de la Literatura.

-Ediciones en España (en el mismo volumen se incluye una entrevista de Bashkim Shehu a Ismaíl Kadaré realizada en París el 9 de marzo de 2009):

1-Katz Editores. Madrid: 2010. 60 p. Traducción de La cólera de Aquiles del albanés de Ramón Sánchez Lizarralde. Colección Dixit, nº 13, p.11-32.