jueves, 3 de octubre de 2013

El expediente H. (ficha bibliográfica)



Título original: Dosja H.

Primera edición en Albania: Tirana: 1990. Naim Frashëri & Prishtina, pp. 232

Ediciones en España:

1-Anaya & Mario Muchnik; Madrid: 1993. 202 páginas. Traducción del albanés de Ramón Sánchez Lizarralde. Colección Analectas.

2-Alianza Editorial; Madrid: 2001. 184 páginas. Traducción del albanés de Ramón Sánchez Lizarralde. Colección El libro de bolsillo. Biblioteca de autor, nº 0720.

3-Alianza Editorial; Madrid: 2009. 184 páginas. Traducción del albanés de Ramón Sánchez Lizarralde.. Colección El libro de bolsillo. Biblioteca de autor, nº 0720. 2ª Edición.

El concierto



Novela de largo aliento, de largo recorrido, un recorrido de 522 páginas fascinantes, El concierto tal vez sea la obra maestra de Kadaré, por lo que nos cuenta (la ruptura de relaciones entre China y Albania en 1978, catorce años después del traumático cisma con la URSS), por cómo nos lo cuenta (con una estructura circular, plena de personajes, en clave coral, con varias novelas cortas intercaladas) y por quienes nos lo cuentan (los propios personajes históricos como Mao, Hoxha, Lin Biao, y los anónimos, quienes reflejan esa vida cotidiana durante el comunismo que ya era la columna vertebral de El gran invierno).

Quizás, El concierto deba entenderse dentro del trabajo de Kadaré como una segunda parte o una continuación de El gran invierno. Algunos personajes son comunes a las dos novelas, y se retoman sus vidas tras los años pasados entre la ruptura con la URSS y la quiebra con China. Ambos textos componen, así, un díptico monumental sobre la intrahistoria que soportaron los albaneses, pero El concierto se muestra más profunda, inquisitiva, observadora, cautivadora, que El gran invierno. Si aquella podía considerarse como una capilla Sixtina del comunismo, esta sería toda una Ciudad del Vaticano, hirviente de personajes, por centenas, y de tramas entrelazadas. Y juntas, ambas novelas, conforman uno de los documentos más demoledores sobre los sufrimientos de los ciudadanos bajo las tiranías, así como un estudio de la psicología de los dictadores y de toda esa maldad que parece inherente al ser humano y asociada al poder.

El concierto es una novela mayúscula. Repleta de simbología, las cosas no quieren decir lo que parecen. Un traje azul de funcionario, un teléfono, un limonero, un cartel de neón, unos fuegos artificiales, sirven para que el autor ahonde, una y otra vez, en las raíces y los sufrimientos de quienes se han visto obligados a soportar las conductas mesiánicas de sus gobernantes. En ese sentido, si por El gran invierno algunas voces se alzaron poniendo en duda, molestas, por los retratos humanos que de Hoxha o Jruschev elaboraba Kadaré (sólo hay que leer entre líneas para ser consciente de lo demoledores que resultan), en El concierto no existe ni un solo resquicio a la duda: Mao es un recital de iniquidades, y los ministros y adláteres, conmilitones y chupatintas, tanto chinos como albaneses, que acompañan a los tiranos, aparecen representados como unos miserables criminales, cuando no son asesinos.

Mucho hay que decir de esta novela que, como una corriente marítima, guía al lector con una lectura de seda por sucesos que muy bien podrían resultarle lejanos y poco atractivos (su localismo era, tal vez, un problema para el lector medio de El gran invierno). Sin embargo, Kadaré hace atractivas las reuniones de comités, las sesiones de autocrítica y las reflexiones del propio Mao o de Hoxha. Se eleva de las páginas un mundo fascinante que se contiene a sí mismo y que contiene otros muchos.

Parte de culpa de ello, de esos mundos que se contienen en el texto, la tienen las narraciones insertadas (hasta cinco) a modo de –paradójicamente- cajas chinas. Una de ellas aporta una nueva reflexión de poder y el crimen con la reescritura de los sucesos de Macbeth y el asesinato del rey Duncan, otra es el prototexto de la futura novela Spiritus, un afortunadísimo ensayo general de la misma… y también hay algo de El expediente H.

El concierto es, así, también, cigoto de otros libros de Kadaré, quizás de algunos de los más brillantes, como si esta novela fuera principio o big-bang literario, destinada a conformar toda una constelación de futuros textos.

A retazos, pero siempre siguiendo la línea argumental general, con insertos de documentos oficiales, de conversaciones, de escuchas, de actas, de informes, de pensamientos de los propios líderes, se erige la estructura de El concierto, cuya lectura, una vez finalizada, provoca ganas de gritar la vieja consigna de Skanderbeg: la hora da Albania ha sonado.

En efecto, es la hora de la novela albanesa.

El concierto (ficha bibliográfica)



Título original: Koncert në fund të dimtit.

Primera edición en Albania: Tirana: 1988. Naim Frashëri, 556 pp.

También conocido como El concierto del fin del invierno.

Ediciones en España:

1-Anaya & Mario Muchnik; Madrid: 1992. 522 páginas. Traducción del albanés de Ramón Sánchez Lizarralde. Colección Analectas.

miércoles, 2 de octubre de 2013

La hija de Agamenón



Ifigenia, la hija de Agamenón, rey de Grecia, según cuenta la tradición debía ser sacrificada por su padre en Aúlide para así calmar a la furiosa diosa Artemis que había parado el viento con una gran encalmada que impedía a las naves de los aqueos zarpar en dirección hacia la campaña de Troya. Agamenón, implacable, encuentra razonable el sacrificio de la hija en pos de sus beneficios políticos y militares. Al final, sin embargo, Ifigenia es sustituida, en el último instante, por una cervatilla en su lugar.

Suzana es la hija del miembro principal del buró, del hombre señalado a suceder al Gran Líder cuando cese en su mando. Y ese futuro de gloria y poder podría verse empañado por el comportamiento de la mujer, que mantiene una relación amorosa inconveniente que podría manchar la reputación del padre en una Albania repleta de odios, intrigas, dobleces, traiciones por el poder, y en donde todo vale para ocupar un puesto tan preciado como el de sucesor. Suzana debe sacrificarse, como Ifigenia, por el bien político del padre, y abandonar la relación poco recomendable.

Kadaré establece un paralelismo entre las intrigas y el juego sucio del Partido con el mito de Ifigenia, iguala los intereses y ambiciones de Agamenón y del sucesor, reflexiona acerca de las cuestiones morales del poder “a cualquier precio”, sobre la inhumanidad de los dirigentes y de los totalitarismos e, incluso, introduce una reflexión sobre el propio mito relacionada con su máxima de “la gran estratagema” (en función de si todo el sacrificio de Ifigenia y la posterior sustitución por el cervatillo no obedecen a las farsas políticas, si sólo son maniobras de distracción del poder para aterrorizar a los súbditos).

En efecto, si un Líder envía al sacrificio a su propia hija, ¿qué penalidades y entregas no exigirá de su pueblo? Con ese momento, ejemplar, el pánico se apodera de todo el sistema, desde los hombres situados más abajo hasta los altos miembros pertenecientes al gobierno. De ese modo, el sucesor envía un mensaje de lo que está dispuesto a empeñar por su ambición de alcanzar el poder, un mensaje dirigido en dos planos (aterroriza al pueblo, y porque sirve para amedrentar, además, a sus futuros camaradas y rivales políticos y le demuestra al Líder su entrega incondicional a la idea y al sistema).

Troya, lo relacionado con la ciudad épica, su asedio y caída, siempre ha sido un tema referencial en la narrativa del escritor albanés, así como sus constantes referencias a la cultura y a los mitos clásicos. En Ifigenia, encuentra, además, muchos de los elementos de las tragedias de su admirado Esquilo, con un drama que se puede superponer a la dictadura de Hoxha.

La perspectiva elegida para narrar los acontecimientos se inserta en un determinado y significativo momento temporal: el amante de Suzana se dirige a las celebraciones del Primero de Mayo, tan cargadas de significado e importancia en los países comunistas, y que en Albania son una gran fiesta política y nacional. Mientras camina en pos de ubicarse en una tribuna de preferencia, desgrana sus pensamientos y reflexiones en primera persona acerca de la pérdida de la mujer, del sacrificio, de la hipocresía de la clase dirigente, de la pavorosa vida cotidiana bajo el comunismo… Todo ello salpicado con su percepción personal del momento, del gentío que, como autómatas, se dirigen a presenciar el desfile y vitorear a sus líderes.

Todos ellos son producto del pánico, de las escuchas, de los chivatazos, de las delaciones, del estado de angustia y depravación moral que rige en Albania. Ante la visión de una familia que acude al acto, el protagonista argumenta un “padre ideal con hijas de la mano bajo el cielo socialista de mayo”, una estampa perfecta que ha costado el sufrimiento de muchos, porque “¿a qué precio te has ganado esa estampa? ¿A quién has enviado al destierro?”, le gustaría preguntarle al padre alegre y orgulloso. Es el sustrato más bajo del sistema amoral, donde rige el monopolio de la sospecha y la degradación humana.

El engranaje de perfidia y crueldades hace que todos crean que poseen un pasado deshonroso, plagado de actos contra el Estado, un pasado que ocultar bajo el temor, y se conducen como cáscaras vacías, alienados, movidos por vacías consignas de aterradores promesas: “Defenderemos los principios del marxismo-leninismo, incluso si nos vemos obligados a comer hierba”. Cualquier sacrificio será escaso; Ifigenia encaja a la perfección en todo ello.

Aprovechando las reflexiones del protagonista, Kadaré va repasado uno a uno los crímenes del régimen y los diferentes resortes que ha utilizado para reprimir las conciencias, desde la autocrítica, las asambleas, las purgas, los procesos, las depuraciones, la censura a los escritores… la historia política de Albania, las decisiones de su Gran Líder Hoxha con todas sus iniquidades.

Kadaré, mediante trucos y engaños, consiguió sacar del país, junto a otras obras, La hija de Agamenón, primer escrito en el que se narra de forma directa y explícita su postura ante el régimen criminal de Hoxha. Antes, había utilizado subterfugios (la llamada noche otomana para ubicar sucesos políticos muy similares a los de la Albania actual, las alusiones más o menos veladas al control de las conciencias en El Palacio de los sueños, al terror político en El firmán de la ceguera…), pero La hija de Agamenón, acabada en 1986, era una narración impensable e imposible para aquellos momentos: y tremendamente comprometedora y peligrosa. Tras ciertas peripecias, fue puesta a salvo en París, en el interior de una caja fuerte, gracias al editor Claude Durand. Después, a la caída del comunismo, aquellos textos vieron la luz, muchos de ellos retocados, pero no así La hija de Agamenón, que apareció editada exactamente igual que fue redactada entre los años 84 y 86.

El empeño de Kadaré en la obra es el de reflejar la caída moral, de los políticos, de las ideas, de los ideales, del Gran Dirigente, pero, además, el vaciamiento y agostamiento de la vida bajo el comunismo: “¿Cuántos años de semejante aridez serían precisos para convertir la vida en un erial?”, se pregunta el protagonista. Y añade: “Y todo eso por la sola razón de que así, marchita, reseca, la vida era más fácilmente dominable”. Al final del texto, Kadaré establece un paralelismo de Troya, de la campaña y de los sucesos que conducen a su final, con la infamia. La historia de Troya, repleta de muertes y artimañas políticas, no es sino la historia de una infamia.

No en vano, ¿qué podía esperarse de un país cuyo modelo era Stalin? Porque Albania era estalinista, mucho más que soviética, y cuando consideró que la URSS de Jruschov traicionaba los ideales de Stalin se alejó de ella. De esa manera, si Stalin había entregado a su propio hijo Jarkov a la muerte, sacrificándolo a manos de los nazis, el ejemplo entre los políticos albaneses debía cundir: tenían que ser como Stalin, cualquier sacrificio era poco, y el pueblo pensaría como en tiempos del sacrificio llevado a cabo en Aúlide: “Si el jefe supremo, Agamenón, había sacrificado a su propia hija, ni la más leve muestra de piedad podía esperarse para nadie”.

Y sí con el sacrifico de Ifigenia arrancaba la campaña de Troya, es decir, la campaña de la infamia, el sacrificio de Suzana rehusando a su relación amorosa para no perjudicar al sucesor sólo podía desembocar en la demoledora conclusión: si nadie espera ya piedad, entonces, “nada se opone ya al agostamiento de la vida”.




La hija de Agamenón (ficha bibliográfica)

Título original: Vajza e Agamemnonit.

Primera edición en Albania: Tirana: 1986.

Ediciones en España (aparece en el mismo volumen junto a El sucesor):

1-Alianza Editorial; Madrid: 2007. 288 páginas. Traducción del albanés de Ramón Sánchez Lizarralde. Colección Alianza Literaria, nº 173.